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diciembre 17, 2020

Griselda Colina: “Las parlamentarias de 2020 fueron una oportunidad perdidapara avanzar en la reinstitucionalización del país”

Las irregularidades en la jornada del 6D desde el momento de la convocatoria abarcan tantos aspectos y son tan diversas que se requirieron 56 páginas divididas en 9 capítulos para documentarlas. En el Informe preelectoral 8 organizaciones de la sociedad civil detallan cada ángulo de lo que la directora general del Observatorio Global de Comunicación y Democracia califica de “hito” en la destrucción de la institucionalidad del voto. Griselda Colina tuvo a cargo la coordinación editorial del informe presentado pocos días antes de las votaciones. Al tema electoral le ha hecho seguimiento desde el año 2000 en sus tiempos de consultora en el Centro Carter. Al Observatorio llegó en 2015 en el marco de las  parlamentarias; durante su gestión se creó la Red Electoral Ciudadana, en alianza con la ONG Cepaz y Voto Joven, ante la necesidad de que los ciudadanos conozcan sus derechos electorales y entiendan cómo defenderlos, cómo exigirlos y cómo documentarlos, así como la plataforma Venezuela Documenta, creada para documentar la violación a todo tipo de derechos humanos

—¿Por qué reunir a varias organizaciones para elaborar el informe del 6D?

—Se trata de un esfuerzo articulado que nos permita a cada una de las organizaciones aportar lo mejor de la experticia de cada uno para avanzar en el análisis de una de una situación tan compleja como la que se nos venía. Nosotros comenzamos en junio de 2020 a hacer reuniones de seguimiento con organizaciones de la sociedad civil entre las que había de observación electoral, grupos que hacen seguimiento a temas de justicia, grupos que defienden los derechos humanos y varios grupos de activistas. Es parte de lo que hay que hacer para entender un proceso tan complejo y que ninguna organización podría hacerlo por sí sola, había que sumar esfuerzos, voluntades, para hacer un análisis acertado desde varios ángulos, pues nos dimos cuenta que estaban pasando muchas cosas para las que debíamos incorporar a otros y eso nos sirvió para enterarnos de lo que estaba haciendo cada una de las organizaciones respecto al tema electoral.

—¿Es la primera vez que se hace un informe conjunto de esta envergadura en el país?

—Tanto el Observatorio Global de Comunicación y Democracia como varias de las organizaciones que participaron han hecho antes informes electorales, pero creo que es la primera vez que nos reunimos para tener el análisis más allá de lo técnico, porque son tantas las irregularidades que creo que cuando se hable de este proceso electoral del 6D, de este evento en particular, hay que tener claro que no se puede evaluar con los parámetros de un proceso regular como se hacía antes. Lo que pasó aquí no se había visto, pues aunque desde 2015 veníamos con una situación superirregular, con unas violaciones graves a los derechos políticos en el marco de los eventos electorales y que habíamos denunciado porque nos encontramos con patrones dirigidos a debilitar el voto como instrumento de cambio y donde la participación y la confianza ciudadana se vio amenazada, en este proceso electoral se pasó una nueva línea roja.

Ya en 2017 advertimos que con la Constituyentes se pasó una línea roja porque el CNE no publicó los resultados, porque alteró los números, porque creó un registro electoral a la medida, porque no permitió que se escribieron los candidatos, etcétera, pero en esta elección fue incluso peor que en las presidenciales de 2018. Se hicieron cambios en las leyes, cambios en el sistema, se introdujo un nuevo sistema de votación automatizado del que aún después del 6D no se sabe nada… Son situaciones que no permiten evaluar desde un punto de vista de normalidad.

—¿Cómo afectan estas irregularidades el ejercicio del voto ciudadano?

—Una de las cosas que hemos visto es cómo la participación ciudadana cayó, cómo la confianza en el voto como instrumento de cambio se perdió, lamentablemente el domingo 6 de diciembre fue un domingo triste en Venezuela porque el venezolano tiene tradición de elector, la gente vota, pero tenemos que ser conscientes de que las parlamentarias de 2020 fueron una oportunidad perdida para avanzar en la reinstitucionalización del país, porque cuando vemos que la crisis que vive Venezuela es tan grave y tiene un origen de quiebre institucional, una de las maneras de avanzar –no digo que sea la única porque las elecciones no son una panacea– es la reinstitucionalización a través de elecciones, y la elección del Parlamento representaba una oportunidad relevante para que los actores se pusieran de acuerdo para la organización de ese evento. Lamentablemente, eso se truncó.  

Ante ese panorama lo que nos queda a nosotros como sociedad civil organizada es hacerle entender a los ciudadanos que la participación va más allá del voto, que si nosotros queremos recuperar los espacios electorales debemos elegir a los actores que representen nuestras aspiraciones de cambio, pero también tenemos que exigir las condiciones electorales y luchar por ellas. Una de las cosas que nos quedó de este trabajo mancomunado fue la reactivación del voluntariado que logramos para este proceso en 21 estados observando el día de la elección,

—Pero para luchar por las condiciones también se requiere de un Estado que respete a esa ciudadanía y a los actores políticos que exigen sus derechos, eso actualmente no lo tenemos

—Exacto, con este proceso quedamos peor que en 2018 y creo importante que se entienda que antes se hablaba de condiciones técnicas, de condiciones políticas, de condiciones ciudadanas, pero es que ahora es tan complejo, ¡¿cómo queda ahora la situación de un Parlamento que no va a ser reconocido por nadie?!, y el otro Parlamento, el que reconocemos todos, ya termina su mandato, entonces no contamos con esa institucionalidad. Esto va a obligar a los ciudadanos a una recomposición y a una mirada diferente en perspectiva hacia una solución negociada porque eso será lo que nos permita, entre otras cosas, la reconstrucción de la ruta electoral en la que los derechos de los ciudadanos y de los actores políticos tienen que estar presentes. No como en el 6D en que no hubo pluralismo político, sino una aplanadora, fue uno de los derechos políticos vulnerados.

—¿Qué implicaciones tiene para la democracia que cada vez haya mayor vulneración de los derechos políticos, tanto de los actores políticos que quedaron fuera del juego como de los ciudadanos que no tuvimos la verdadera oportunidad de elegir?

Bueno, debe tenerla en la activación de la conciencia que debemos tener los ciudadanos de nuestro rol, primero de exigirle a las instituciones, o a lo que queda de ellas, que actúen de forma legítima y legal, y que respondan a los ciudadanos, pero entendiendo que estamos frente a un régimen que no es democrático y que vamos a luchar por una democracia. Cada uno de los eventos que se nos presentará entre 2021 y 2024 va a ofrecer una oportunidad para ir recuperando esa ruta electoral, la situación es tan compleja, las condiciones quedaron tan gravemente afectadas que no podemos creer que se van a solucionar entre seis meses y un año, este es un trabajo de largo aliento que requiere un compromiso constante, denodado y fuerte para lograr las condiciones, además viendo que se abrió una pequeña oportunidad para la observación internacional, pues por primera vez el poder reconoce que necesita una normalidad institucional que no tiene, e invitó a Naciones Unidas y a la Unión Europea a hacer observación internacional. Eso no había pasado y hay que aprovecharlo.

—Pero la sociedad civil ya no confía ni siquiera en la palabra “acuerdo” mucho menos en la posibilidad de acercamiento entre las partes

—Cuando hablo de acuerdo tiene que ser un acuerdo marco entre los actores verdaderamente representativos que toman las decisiones, que tienen capacidad para entender que desde el nombramiento del CNE que corresponde el año que viene, hasta los procesos regionales, pasando por la relegitimación de los partidos políticos, para cada uno de esos eventos los actores políticos deben estar preparados. Lo que no debería pasar es que no estemos preparados, que nuevamente nadie se inscriba y se decida no participar porque el régimen autoritario no da las condiciones. Claro que no las va a dar, ¡pero hay que arrebatárselas! Hay que luchar y emprender ese camino, hay que forzarlo, exigirle y documentar lo que están haciendo.

—Sin embargo, hay analistas que opinan que la avanzada de vulneraciones e irregularidades del 6D buscaban no solo un efecto para esa jornada, sino para las que vienen, que se trata de aniquilar la voluntad electoral y del interés de la gente en participar en elecciones futuras

—Absolutamente, y es intencional, es una decisión que se tomó a partir de los resultados de las parlamentarias de 2015, hasta ese año podíamos tener elecciones en condiciones regulares, existía el ventajismo, pero podíamos hacer quejas y reclamos sobre situaciones irregulares y violaciones a los derechos, pero eso llegó hasta que el chavismo se dio cuenta que había perdido el voto popular, ahí comenzaron a diseñar un sistema para acabar con el voto como instrumento de cambio

Justamente es lo que ha pasado todos estos últimos cinco años, acentuaron, agravaron y profundizaron la debacle y el socavamiento de los derechos políticos en los procesos electorales, eso no se arregla en dos días y no va a ser una situación fácil, pero si los actores políticos no asumen el compromiso va a ser mucho más largo el camino.

—Hay quienes afirman que el 6D asestó el último golpe a lo que quedaba de institucionalidad democrática en el país. ¿Usted coincide con esa apreciación?

—Creo que la democracia ya estaba muy debilitada, prácticamente no venezolanos no estamos en democracia. Ciertamente ese proceso electoral marca un hito decisivo en los procesos electorales, pero eso lo que nos indica a los ciudadanos es que si la única herramienta que tenemos, el poder que tenemos en nuestras manos los que creemos en una solución pacífica, democrática y electoral  es el voto pues tenemos que trabajar en esa reconstrucción que debe venir, exigirle a los actores políticos que se haga política pensando en el ciudadano, trabajar en una narrativa que le explique con la verdad al ciudadano y le presente las opciones reales de cambio. //

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