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marzo 8, 2021

Magdymar León: “La sociedad aún no reconoce que la violencia contra la mujer afecta a toda la población”

Cada vez es más común que los casos de femicidios ocupen mayor espacio en las noticias en Venezuela. Ni el aumento de estos hechos violentos ni la crueldad con que ocurren impulsa acciones desde las instituciones del Estado para evitarlos y proteger a la mujer. Las migrantes, adultas y niñas, también se ven expuestas a graves situaciones que ponen en riesgo su vida e integridad. Aunque Magdymar León, psicóloga clínica con maestría en Estudios de la Mujer y coordinadora de la Asociación Venezolana para una Educación Sexual Alternativa (AVESA), identifica fuertes debilidades institucionales que inciden en el incremento de estos hechos, apunta hacia la sociedad como parte fundamental en la prevención

Este año, al igual que el pasado, inició con cifras en rojo para las mujeres venezolanas, según algunos medios de comunicación en lo que va de año 43 mujeres han sido asesinadas; en menos de una semana se registraron 5 femicidios y el año 2020 cerró con más de 270 víctimas. ¿Qué factores influyen para que estas cifras sean tan elevadas en Venezuela?

Los femicidios son un indicador de la magnitud de la violencia contra las mujeres, y desde el año pasado vemos con alarmante preocupación cómo las cifras van en aumento y no se detienen. Para hablar de los elementos que inciden en ese aumento primero hay que entender que la base de la violencia contra las mujeres es una premisa machista, patriarcal bajo la cual las mujeres somos personas de segunda categoría y los hombres tienen algún poder o autoridad sobre ellas y por ende tendrían el derecho a tomar decisiones sobre la vida de las mujeres. Esa cultura general en Venezuela se ha exacerbado por una parte con la crisis humanitaria, por otra con la pandemia y en tercer lugar por la impunidad.

Con respecto al primer factor la Emergencia Humanitaria aumenta las brechas de género, pues la posibilidad de acceder a recursos materiales y simbólicos es más difícil para las mujeres que para los hombres. Datos que sustentan esto: las mujeres están más atrapadas en las casas para preparar los alimentos, cuidar de los hijos, y con toda la crisis de servicios y de pobreza que tenemos, resolver las necesidades es mucho más difícil que hace 10 años cuando había agua y electricidad, por ejemplo, y eso se traduce en horas de tiempo que las mantiene más tiempo dentro de sus hogares. Otro aspecto es que actualmente las mujeres tenemos dificultades para controlar la reproducción, antes solo era ir a la farmacia a comprar nuestras pastillas anticonceptivas, ahora eso tan sencillo es cuenta arriba porque los ingresos económicos están mermados por la hiperinflación que llevan a jerarquizar entre comprar píldoras o comprar comida. Eso influye en las posibilidades de formarse, de acceder a un trabajo remunerado porque las obliga a mantenerse en casa y depender económicamente del hombre. Si bien no se puede dejar de reconocer que el hombre también la está pasando mal con la crisis hay una desigualdad en torno a las mujeres. En ese contexto son más vulnerables a muchas situaciones, incluida la violencia, por eso, por ejemplo, los comerciantes de trata y tráfico de personas ven en Venezuela un terreno fértil para conseguir mujeres porque estamos en condiciones sumamente precarias, lo que antes podía ocurrirles a las mujeres de Colombia o de República Dominicana ahora les ocurre a las nuestras. Los hombres en lugar de verlas como sus compañeras las ven como una oportunidad para aprovecharse. Esas situaciones hacen que haya más violencia.

Luego se le suma la pandemia, muchas perdieron su empleo, lo que las hace estar más en casa y depender más de los recursos económicos de los hombres, y si son violentos en la cotidianidad del confinamiento ejercerá violencia contra su pareja, por lo que en la cuarentena esas condiciones de desigualdad aumentaron más y eso nos hace mucho más vulnerables y también hay que tener en cuenta que lo poco que había de servicios de atención para la mujer quedaron obstaculizados durante la pandemia por el problema de la gasolina y porque los entes están cerrados o trabajan a media máquina, lo que dificulta ir a denunciar.  

El tercer elemento es la impunidad. Desde el año 2016, en el último informe publicado por el Ministerio Público sobre su memoria y cuenta, ya se veía que más de 99% los casos denunciados de violencia de género no llegan a juicio, entonces la impunidad incide en la ocurrencia de ese delito. Pero agregaría un cuarto elemento, y es el de una sociedad que aún no termina por reconocer que la violencia contra las mujeres es un problema social que hace daño a toda la población, una sociedad que lamentablemente no entiende aún la gravedad de lo que está pasando.

Precisamente sobre ese último aspecto que menciona hay quienes critican y subestiman el término “femicidio”, pues —incluso lo dicen algunas mujeres— ningún hombre asesina a una mujer por el hecho de ser mujer, y consideran que la palabra “homicidio” es suficiente para tipificar ese delito. ¿Qué opina usted?

El término femicidio refleja una forma particular de homicidios a las mujeres, y la importancia de tipificar este tipo de delitos tiene que ver con el abordaje y las políticas públicas dirigidas a su radicación. Por ejemplo, no es lo mismo el caso de una mujer a quien matan en un intento de robo de su carro, allí el objeto del homicida no es la mujer, sino el carro que se quiere robar, eso es un homicidio. La diferencia de los femicidios es el género de la víctima y el odio específico a esa mujer. ¿Y cómo se expresa ese odio? Por ejemplo, en el contexto de la relación de pareja y con antecedentes de violencia, un marido que reiteradamente golpea a su pareja hasta que finalmente la mata. Están los casos de Turén, estado Portuguesa, donde un hombre no solo violó a dos jóvenes sino que además acabó con sus vidas porque no le importó; es decir, utilizó sus cuerpos para obtener placer y luego los desechó, literalmente; el agresor tuvo la idea de que como hombre tiene derecho a utilizar los cuerpos de las mujeres como quiere, queda de manifiesto su desprecio por las mujeres. Otro tipo de situación que también entra dentro de la categoría de femicidio es cuando asesinan a las mujeres y además exponen sus cuerpos en lugares públicos y con lesiones específicas. Entonces, el término femicidio no suplanta el concepto de homicidios a mujeres en otros contextos, solo que el abordaje del delito tiene una lógica distinta que requiere acciones y políticas públicas distintas.

¿Por qué los hombres, principalmente las parejas o familiares cercanos, están causando la muerte a las mujeres?

Porque ellos están pensando que son dueños de nuestras vidas, porque creen que tienen razón al hacerlo, que nadie los va a sancionar, porque tienen tiempo haciéndolo y hay un sistema que se hace de la vista gorda.

También hay una forma de violencia muy presente en Venezuela, y son los abusos sexuales contra niñas y niños menores de edad por alguno de sus familiares. ¿Qué ocurre en una sociedad para que esto ocurra? ¿Qué hace falta para que los adultos no atenten contra sus niños?

Bueno, que ellos creen que son de su propiedad, lamentablemente la construcción de la idea de relaciones está matizada por la visión machista, no ven a sus hijas y nietas, e incluso a sus hijos, hijastros y nietos como personas, no los reconocen como sujetos de derechos, solo los ven como un instrumento para satisfacerse sexualmente, sin importarles los sentimientos, sus expectativas de la vida ni las consecuencias que puedan causarles porque prevalecen sus decisiones y sus deseos como adultos. Porque además nos hemos convertido en una sociedad del más fuerte donde a mí no me interesa negociar contigo, solo me interesa imponerme, y lamentablemente todo eso se traduce en esos fenómenos sociales. Y, de nuevo, una sociedad que se espanta y hace mucho ruido en las redes sociales, pero después de ocurrido en hecho, y muchas veces sabiendo la situación de violencia no hace nada para intentar cambiar las cosas e impedir a tiempo que ocurran las desgracias.

Volviendo al tema de violencia de género, en Venezuela existe legislación relativamente reciente, hay una infraestructura en los tribunales de violencia contra la mujer, ¿por qué eso no es suficiente?

Desde la institucionalidad del sistema de justicia hay debilidades sin lugar a dudas y la gente está dejando de acudir porque no recibe respuesta, pero yo insisto en que la sociedad debe continuar colocando la denuncia y tras hacerlo también debe hacer un planteamiento contundente ante esta situación de violencia contra la mujer, hay que seguirle exigiendo al Estado que cumpla con su obligación.

¿Tendrá que ver con que no ha habido suficiente capacitación a los funcionarios públicos que trabajan en los órganos receptores de denuncias de casos de violencia de género?

Tiene que ver con una cantidad de cosas, con capacitación, con recursos, con que por ejemplo a la Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida libre de Violencia, promulgada en 2007, le hace falta el reglamento sin el cual los órganos receptores de denuncias y de justicia no tienen la pauta de los procedimientos, cada uno actúa de acuerdo con lo que consideran convenientes, ¡eso es terrible!, es una deuda de 14 años; también tiene que ver con que en el país se necesita un plan de prevención y atención en casos de violencia contra las mujeres, pero es solo una parte de la situación, también es verdad que la sociedad que está presenciando un delito de esa naturaleza no se puede excusar en no actuar porque el Estado no hace nada, y eso ocurre porque no lo vemos como un problema grave, porque nos parece que eso no nos toca, nos quedamos en nuestro ámbito de comodidad.

Las venezolanas que migran en busca de una mejor calidad de vida también han estado expuestas a graves hechos de violencia que van desde golpizas, esclavitud moderna, violaciones sexuales hasta la muerte. ¿Hay acciones que podrían tomar los países de acogida para evitar que las migrantes sean víctimas de estos hechos de violencia?

Claro, nosotros no perdemos nuestros derechos humanos cuando nos desplazamos por la región, incluso cuando se migre en condiciones irregulares y sin documentación, en tal caso los Estados tienen que ejercer acciones para erradicar la violencia contra las mujeres.

¿Qué cree que es necesario hacer desde el punto de vista social y de políticas públicas para avanzar más asertivamente en un ambiente seguro para las niñas y mujeres?

Primero, que los medios de comunicación incorporen más este tema y desarrollen mensajes para la ciudadanía que ayuden a combatir los prejuicios en torno al problema de la violencia contra la mujer, eso es indispensable para que la sociedad reconozca que es un problema grave, pero necesitamos definitivamente un reglamento de la ley que encamine la operatividad de las instituciones del Estado para que den respuesta a las mujeres que pasan por estas situaciones. Y también que la sociedad apoye a las víctimas, que no las deje solas con los agresores porque las estamos condenando a que las maten, que las juntas de condominio, por ejemplo, o cualquier estructura organizativa que tengan las comunidades, digan: “Aquí no se aceptan agresores a mujeres”, como instancia comunitaria unida para evitar enfrentamientos personales, y eso a su vez motiva a la víctima a pedir ayuda y denunciar.

Si hubiese una transición política y usted fuese nombrada Ministra de la Mujer, ¿qué acciones prioritarias tomaría?

Evidentemente atender el tema de la violencia contra la mujer es una prioridad, pero también el hecho de que las mujeres puedan controlar su salud sexual y reproductiva, porque esa falla es una forma de violencia, darles el control les permite estudiar, trabajar y desarrollarse profesionalmente, es una manera indispensable para evitar ver muchachas tan jóvenes con tantos hijos o que se practiquen interrupciones del embarazo a riesgo de morir. Entonces, que nosotras podamos tomar decisiones respecto a nuestra reproducción haría la diferencia, podríamos tener más potestad sobre nuestras vidas y tener realmente una posición de igualdad social, política, económica con respecto a los compañeros masculinos, eso es fundamental. //

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