La crisis puede desdibujar la infancia de los niños

Maestra: – Ana, ¿por qué no viniste ayer?

Ana: -Porque salí a ‘bachaquear’, maestra

Maestra: (Sorprendida) -¿Bachaquear? ¿Qué es eso?

Ana: -Hacer cola, maestra. Mi mamá dice que no tenemos comida. Y se pone brava, me grita

Maestra: (Sobrecogida)- ¿Y hoy desayunaste?

Ana: – No maestra

Desabastecimiento de alimentos… colas… inflación… pérdida del poder adquisitivo… ‘bachaqueo’… inseguridad… conflictos… enfrentamientos.

Lo que pudiera asumirse como la ficción de una caótica historia, en estos momentos  define la  cotidianidad de todos los habitantes en Venezuela, una crisis generalizada que sobre todo en el orden económico ha modificado sustancialmente las costumbres de todos, siendo los niños uno de los grupos más vulnerados.

“Los niños están ‘padeciendo’ la realidad, y a ellos les generan las mismas sensaciones que nos generan a los adultos pero la elaboración que hacen de lo que están viviendo no es la misma que podemos hacer nosotros, porque tenemos más experiencia, más madurez”, Oscar Misle, director del Centro Comunitario de Aprendizaje (Cecodap).

En efecto, los cambios en los patrones de abastecimiento de comida y medicinas, la imposibilidad de mantener las costumbres que aportaban calidad de vida, sumado a la inseguridad constante y la incertidumbre ante lo que va a suceder están marcando de manera negativa el presente de los habitantes del país.

Rabia, frustración, confusión, miedo, manifiestan por igual adultos, niños y adolescentes, siendo los menores de edad los más perjudicados.

“Efectivamente en los niños hay rabia, hay indignación, hay miedo. En los trabajos que hacemos ellos lo dicen: las colas los ponen bravos, no les gustan las colas, les parecen horrible, y cuando se les pregunta por qué contestan porque ‘nos llevan por delante’ y ‘hay gente que pelea’. Las colas no son propias para los muchachos porque ahí no hay dónde ir a un baño, no hay dónde tomar agua, están varias horas consecutivas bajo el sol, durante muchísimo tiempo, y deben permanecer sin moverse porque si lo hacen pierden la cola”, describe Gloria Perdomo, coordinadora del Observatorio Venezolano de Violencia (OVV) y directora de la fundación Luz y Vida.

Niños sacando cuentas de adultos

Los cambios que se están registrando no son irrelevantes sino que están alterando la forma en la que la gente come y cómo se organiza la familia en las rutinas propias del trabajo, del estudio. “Todo está mediado o transformado por la gravedad o extensión de esta crisis”, puntualiza Perdomo.

“A veces refieren que de las 24 horas pasó 12 paradito, haciendo cola para no conseguir nada”, esa es la experiencia recogida en consulta con niños por la psicopedagoga Sandra Sánchez.

Reporta que ahora los infantes muestran más hiperactividad, más agresividad, porque a veces eso es lo que están viendo en sus casas: la impotencia de sus padres. “Y se expresan como si fueran una persona adulta, y mencionan los términos: ‘estuvimos ‘bachaqueando’ y  no conseguimos nada’”.

De hecho, los especialistas indican que los pequeños ‘están sacando cuentas’ como los adultos, para ver si les alcanza para comprar comida.

“Hay niños chiquiticos con los que he hablado, de 7 y 8 años, que están sacando la cuenta de ‘si conseguimos el paquete de arroz cuántos platos se pueden hacer, cuántos podemos comer’. Ese no es un tema propio de los niños. Estamos viéndolo en muchachitos que ni siquiera están en pobreza crítica o extrema’, como en algunas zonas pobres de Petare cuyo tema de conversación es ‘cómo llega la comida’, ‘qué hay que hacer’, ‘cuánto dinero te cuesta esto’, ‘en tal sitio está más caro’, ‘o los bachaqueros lo tienen”, señala Perdomo.

En un grupo focal con adolescentes también evidenció que “saben lo que es un CLAP (Comités Local de Abastecimiento y Producción), lo que es un ‘bachaquero’, y hablan sobre la actuación que están teniendo algunos funcionarios que ‘matraquean’, que están quitándole a las personas parte de lo que lograron comprar”.

Un solo plato de auyama al día

En el “trabajo de campo” y otras investigaciones que desarrollan tanto el OVV como la fundación Luz y Vida recogen las respuestas de adultos, niños y adolescentes en los municipios Libertador (Antímano), Sucre (Petare) y El Hatillo, todos en la Gran Caracas. Afirman que el primer impacto, el más grave, que la crisis económica está generando tiene que ver con la imposibilidad de los niños a recibir alimentos y  una adecuada nutrición.

“Hay familias que literalmente están comiendo al mínimo de las posibilidades. Hay hogares donde un plato de sopa de auyama es la única comida al día. Hay comunidades enteras donde desde hace varios meses atrás los niños no prueban algún tipo de carne: pollo, res, cerdo”, informa la coordinadora del OVV.

Las repercusiones son evidentes en lo inmediato. “Los niños están perdiendo peso, se sienten débiles. Las mismas maestras nos refieren que en promedio tienen 4 o 5 niños por semana que tienen  que devolver a sus casas porque les duele la cabeza o están mareados. Frente a eso no saben qué hacer porque ellas mismas tienen dificultades para llevar su propia comida”, destaca Gloria Perdomo.

“Esta crisis la están viviendo todos los sectores sociales por igual, pero muy particularmente los sectores más pobres del país están viviendo unas situaciones que yo calificaría de verdadera calamidad”.

(Gloria Perdomo, Coordinadora del Observatorio Venezolano de Violencia)

La psicopedagoga Sánchez confirma por su lado que en los colegios se está viviendo “una realidad caótica” para los profesores.

“Niños que no están yendo a clases cuando tienen que llevar un material porque no tienen dinero para comprarlo y hacer el trabajo. Niños que antes llevaban colaboración para la merienda el día de la fiesta, pero ahora no van porque no tienen nada que dar. Lamentablemente ya hay colegios que no están haciendo ese compartir y eso ayuda a los niños al roce social”, deplora.

El director de Cecodap resalta que esta situación está afectando a los niños emocionalmente, y si no logran expresarse eso podría convertirse en otra forma de violencia como la escolar, además de que tiene repercusiones en su salud física.

“Los niños comienzan a somatizar y a tener problemas alérgicos, digestivos, respiratorios y episodios de asma. Y detrás de ese problema de salud puede haber un sistema inmunológico que está deprimido por todo el estrés y la ansiedad que vive”, indica Oscar Misle.

“¿Dónde está mi mamá?”

El miedo es otra emoción que se ha incrementado entre los niños.

“Cuando no los llevan a las colas se quedan solos en las casas y no entienden lo que pasa, no entienden por qué su mamá está todo el tiempo en la calle. Eso les da angustia, miedo y tiene impacto en su seguridad e integridad psíquica”, dice la coordinadora del OVV y directora de la Fundación Luz y Vida.

Pero además está el hecho de que los niños no entienden por qué no hay comida.

“Ellos preguntan ‘¿por qué si tengo hambre no tengo nada que comer?’. No es fácil encontrar una explicación lógica. Cualquiera de las explicaciones les da rabia porque ellos sienten que hay otros que comen, que tienen comida, y ellos no”, señala Perdomo.

“Uno se siente como impotente porque ¿cómo puedo decirles lo bonito que era antes Venezuela, cuando los fines de semana se podía ir a la playa, o al cine y después comerse un helado? Ahora ni siquiera pueden comerse un helado un día”, critica por su lado la psicopedagoga Sánchez.

 “No hay oportunidades de recreación, nadie está pudiendo salir a un parque o a un cine, entre otras cosas, porque cualquier salida a cualquier lugar implica el gasto del traslado, el gasto de cualquier ‘chuchería’, con costos que son inalcanzables para la gran mayoría de las familias de este país”.

(Gloria Perdomo, Coordinadora del Observatorio Venezolano de Violencia)

Perdomo dice con alarma que todo esto está fracturando la posibilidad de una adecuada integración afectiva de la familia.

Sacar lo bueno de lo malo

Pese a esta crítica situación, el educador y  psicopedagogo Oscar Misle asegura que, asidos de la comunicación afectiva y efectiva, se puede hacer de todo esto “un momento educable”.

“Es aprovechar y ver qué significa en estos momentos la solidaridad, el compromiso con el país, la participación de la gente, para que ellos no sientan que es normal, permanente, incambiable, intransformable lo que estamos viviendo”, dice.

Resalta lo importante de hablar con los niños buscando el momento oportuno para  tratar el tema, siendo francos con ellos.  “En los momentos de crisis, en momentos adversos, lo emocional tiene un papel muy importante, lo socio emocional, lo socio afectivo”.

Subraya que hay que ‘desdramatizar’ las situaciones para no cargar al niño de frustraciones que no puede procesar. “Eso requiere que se hable cuando estemos más en calma, no en los momento de la comida, o antes de irse a acostar; buscar el momento oportuno, siempre preguntando: ¿cómo ves lo que está pasando?”.

De la adversidad se puede salir fortalecido

Este orientador familiar recomendó activar la “resiliencia”, “poner en práctica factores protectores que permitan vivir la adversidad pero salir fortalecidos de ella”. Algunos de esos factores son comunicarse, utilizar el sentido del humor, darse cuenta de la importancia de mantener la fe, de expresar los afectos.

“Sobre todo mantener la esperanzaA los niños no se les puede quitar la esperanza, porque ellos tienen toda la vida por delante, y si ellos sienten que su vida no tiene sentido, que no hay futuro, que no tienen presente seguro, eso les puede generar mucha angustia”, aseguró.

Añade que es importante que el niño sienta que cada quien está haciendo lo que puede, que cada padre le exprese a su hijo lo que desde su espacio está haciendo para cambiar el país. “Y así este sentirá que no estamos paralizados, que no estamos bloqueados, que no estamos indiferentes ante lo que pasa sino que cada quien está haciendo lo suyo”.

“Lo que va a cambiar va a depender de lo que pase afuera pero también de lo que hagamos nosotros. Es un momento difícil, complicado, pero, si es verdad que las cosas malas salen, también es cierto que aparecen las bonitas del ser humano”.

(Oscar Misle, director de Cecodap)

En las escuelas también hay oportunidades

Los centros educativos no están al margen de poder hacer algo. “Es importante crear en los colegios espacios, oportunidades, para hablar de estos temas sin caer en proselitismo de tipo político, pero sí para la formación ciudadana”, recomienda Misle.

Mencionó que ya en algunas escuelas están activadas redes solidarias y algunos padres están llevando aportes para compartir en las meriendas o almuerzos. “El compromiso social con el otro, la sensibilidad social. No solamente estoy preocupado por la situación sino que también me preocupo por el que está viviendo eso pero en una condición diferente a la mía”, explica.

La psicopedagoga Sandra Sánchez comenta que en sus mismas terapias les enseña a los niños a trabajar el compañerismo, a no ser individualista, no ser egoísta sino compartir. “Suelo hacer un break y acostumbro a que compartamos algo. Si yo tengo un jugo lo comparto con todos, así sean dos deditos para cada uno y eso da para que todos tomemos jugo. Que ellos vean que es bueno dar y es bueno recibir. Eso les va a enseñar que hay otra persona, diferente a sí mismo, que lo va a necesitar”.

Fuente: http://www.eluniversal.com/