Gretna el Halabi, defensora de DDHH en Barquisimeto: Los niños son el eslabón más perdido de las acciones jurídicas en Venezuela

La crisis redefine destinos y cambia vidas. Es la experiencia de Gretna el Halabi, a quien la búsqueda incesante por la fórmula láctea para su bebé la convirtió en una activista y luego en una defensora por los derechos de los niños y niñas en Barquisimeto, estado Lara, donde reside. Un proceso que fue dando pasos hasta que creó la ONG Madres y Padres por los Niños en Venezuela (Mapani), iniciativa de la cual es su directora y con muy pocos recursos hace una tarea titánica para atender a bebés y niños desnutridos y malnutridos, y a sus padres a quienes les ofrecen asesoría para afrontar las secuelas de la crisis alimentaria y económica. La entrega de El Halabi a su nueva misión de vida le costó incluso su matrimonio, pero esta joven abogada no tiene arrepentimientos, porque su lucha tomó otra dimensión, ya no se trata solo de su hija, hoy de 4 años de edad, sino de cientos de niños y familias por quienes siente un compromiso.

—La historia de cada ONG es particular, pero la de Mapani destaca por ser hija de la crisis. Relátenos esos inicios…

 

Comenzó en 2015 a partir de la búsqueda de fórmulas lácteas para mi hija debido a que la niña era intolerante de la lactancia materna, a la leche de vaca y a la de soya; de las 27 fórmulas para bebés existentes en el país cuando ella nació solo toleraba una. Al cumplir 9 meses desapareció esa fórmula en el país, pero eventualmente llegaba, solo que generalmente se la vendían a los bachaqueros, uno veía que ocurría esa injusticia incluso frente a los guardias nacionales. En una ocasión se generó una discusión a las afueras de una farmacia y estuvieron a punto de llevarme detenida, todos esos inconvenientes propiciaron cuadros de desnutrición en mi hija porque ella no toleraba otros alimentos. Un grupo de mamás creamos un grupo en Facebook que tuvo hasta 6.000 usuarios para intercambiarse leche y otras cosas, así comenzamos. Luego decidimos presentarnos en mítines políticos sin importar de qué bando, porque lo que queríamos era dar a conocer la situación que estábamos padeciendo, incluso fuimos a la Asamblea Nacional, agotamos todas las vías administrativas, legales y judiciales, fuimos los únicos que denunciamos formalmente ante el Tribunal Supremo de Justicia la aplicación del terminal de cédula de identidad y los condicionantes para comprar las fórmulas lácteas para nuestros hijos. Luego empezamos a ir a las colas donde se vendía leche y fórmulas en Barquisimeto, algo que denominamos Censo por Teteros, llegamos a registrar a 4.184 niños en 2016, pedíamos las partidas de nacimiento y les preguntamos a las madres qué tipo de leche tomaban los niños documentar la situación.

—¿Cómo ha cambiado la situación de las fórmulas lácteas de 2015 a ahora en 2018?

Antes por lo menos se conseguía un tipo de leche y llegaba de manera regular, aunque hubiese que comprarlo con el terminal de la cédula, pero ahora no hay ningún tipo de leche ni fórmula para ningún bebé, ya ni siquiera se ven colas para adquirir ese tipo de alimentos, las mamás están optando solo por la lactancia, eso está bien pero los niños que están sufriendo de desnutrición crónica necesitan fórmula para completar su alimentación y evitar que mueran, adicionalmente a los prematuros obligatoriamente hay que darles fórmula o en su defecto se debe contar con bancos de lactancia materna para ellos. En el hospital de Barquisimeto se creó uno, pero las condiciones para mantenerlo no existen, actualmente está cerrada esa área, no hay recursos, no hay agua, la nevera estaba dañada… Da lástima la cantidad de recursos que el Estado gasta en propaganda política en vez de atender este problema, uno no puede dejar de pensar en cuántas cosas pudieran comprarse e invertirse con el dinero que se gasta en propaganda política.

—De qué manera contribuye Mapani a la defensa de los derechos a la alimentación de los niños y niñas en Barquisimeto?

 

Desde este año tenemos una sede en Barquisimeto donde atendemos a los niños, conseguimos que una organización de Italia nos apoye con algunos donativos, tenemos médicos, nutricionistas, psicólogos que hacen trabajo voluntario, y yo ofrezco asesoría legal a las madres y padres, e incluso a algunos niños. Actualmente atendemos a 73 niños desnutridos de Barquisimeto y poblaciones cercanas; entre abril, que fue cuando abrimos, y julio atendimos a 144. Básicamente es un centro de recuperación nutricional para bebés, a los más grandes les damos apoyo con nutricionista, psicólogo y pediatra, pues no tenemos recursos para donar alimentos; sí ofrecemos atención ambulatoria en casos de emergencia para niños con desnutrición, les damos las fórmulas lácteas y algunas medicinas, y los mantenemos en observación sobre todo los que llegan en condiciones crónicas; luego les pedimos a las madres que los traigan una vez por semana para hacerles seguimiento y control, y cuando están recuperados la nutricionista asesora a la familia en el tipo de alimentación requiere el niño de acuerdo con los ingredientes que pueden comprar. También fomentamos en las madres la lactancia materna como alimentación principal y les explicamos que las fórmulas solo son para casos en los que el bebé requiere ganar peso.

—¿Cómo hace para garantizar el funcionamiento del centro Mapani?

Lo único con lo que contamos en Mapani son los donativos de los venezolanos en el exterior, ellos son los que están soportando el gasto de la mayoría de los desnutridos en este país, eso es muy triste. Nadie se imagina la impotencia que a mí me da (se le corta la voz) por la cantidad de niños que nos llegan casi muriendo de hambre, y lo más irónico es que la propia Gobernación de Lara nos remite a los niños desnutridos, les dicen a las madres que busquen ayuda en nuestro centro, incluso en el récipe que les dan en la Fundación del Niño se lee “dirigirse a Mapani”, ¡pero nosotros no recibimos ayuda de ellos ni de ningún organismo del Estado ni de ninguna fuente extranjera! Yo a veces me asombro de que logramos funcionar con los exiguos recursos que tenemos que si acaso llegan a 40 dólares mensuales, esto es un milagro, se nos dañó la bomba de agua y no tenemos manera de comprarla, entonces llevamos agua en tobos a los consultorios, no es la menor manera, pero de verdad no tenemos otra manera de resolverlo.

—Y a raíz de que el gobierno regional admite el trabajo que está haciendo Mapani, ¿ha habido algún acercamiento de su parte o del gobierno local?

No, veces creo que nos mandan tanta gente para acá para que colapsemos y cerremos, lo siento así porque ellos jamás han tenido gestos para ayudar a esta fundación y menos por las denuncias que hacemos, porque somos frontales. Cada tres meses publicamos las cifras de desnutridos que vienen para nuestro centro, no nos parece justo lo que está sucediendo, es horroroso.

—Una de las acciones por las cuales se dio a conocer más el nombre de Mapani fue por las denuncias sobre la bacteria Serratia marcescens en el Hospital Universitario de Pediatría Dr. Agustín Zubillaga de Barquisimeto. ¿Cómo supieron lo que allí ocurría?

 

Eso fue a raíz de que un grupo de mamás comenzamos a hacer obras de caridad para los niños en el hospital y decidimos empezar a documentar las situaciones que se daban allí y que afectaban a los niños. Un día donde la gente entregaba los donativos para llevar al hospital dejaron una carta anónima en la que nos hablaban de una bacteria en el hospital que estaba matando a los niños y de prueba dejaron unos exámenes hemocultivos que indicaban positivo en Serratia marcescens. Allí comenzó la investigación. Adentro del hospital nos encontramos con padres que decían que había acoso e intimidación, por lo que había miedo. En 2017 vimos morir a siete u ocho niños por la bacteria, tengo los nombres de todos ellos, y particularmente yo me asusté mucho al ver la gravedad de la situación, por lo que comenzamos a buscar asesoría. Acudimos a la Fiscalía, pero la fiscal nos dijo que no teníamos suficientes elementos para denunciar. Seguimos trabajando, esperando a que los padres se envalentonaran y hablaran. En ese camino conocí al jefe de redacción del diario El Impulso, Juan Vílchez, y empezamos a trabajar juntos en la documentación del problema y una vez que él tuvo suficiente información comenzó a publicar sobre el tema. Por otro lado seguimos registrando otras situaciones que ocurrían en el hospital porque allá hay otras bacterias y es difícil documentar porque el personal está muy entrenado en negar las cosas y obstaculizar el trabajo.

—¿Cuál ha sido la respuesta de fiscalía y tribunales a las denuncias y recursos que han introducido?

 

No ha habido respuesta. Ni sobre la petición de no aplicar el terminal de cédula ni condicionantes de venta para comprar las fórmulas que introdujimos en 2016 en el TSJ ni sobre el caso de la Serratia marcescens, el cual está en fase investigación, pues el amparo constitucional que intentamos fue inadmitido. Del caso de la Serratia, la fiscal del Ministerio Público hace pocos días me gritó e insultó, su reacción no fue apropiada, tanto así que voy a la Fiscalía Superior pedir el cambio de fiscal porque a la actual se le nota su parcialidad en la investigación, es increíble. Los niños son el eslabón más perdido de las acciones jurídicas… Es que el Estado ya no es Estado.

—Ver niños desnutridos a diario y a otros morir a causa de bacterias hospitalarias doblegaría a cualquiera. ¿Se ha replanteado esta labor de defensora o hay días en que piensa volver a dedicarse al Derecho o agarrar a su hija e irse del país?

 

No, por la organización, por todos estos niños y familias no me veo en otro lugar, pienso que fue por todo por lo que pasó a mi hija que me he encontrado con este camino, abandonarlo sería como dejar todo por lo que he luchado, además no me voy porque en algún momento llegará la justicia a Venezuela. He tratado de conseguir personas que le tengan tanta pasión a esto como yo y no es fácil, porque con la migración también se ha ido gente de la organización, inicialmente éramos diez mamás y quedamos dos, pero uno hace el mejor esfuerzo. Sin embargo, también he conocido buenos amigos en este mundo, otros defensores de derechos humanos, somos una familia.