LUISA KISLINGER: Las mujeres en Venezuela viven como en el siglo XIX

El nombre de Luisa Kislinger está cada vez más presente en la prensa, en las redes, en los debates y en los paneles de especialistas que analizan temas de la mujer. Con su ONG Mujeres en Línea se ha propuesto la tarea de documentar, investigar y denunciar el tratamiento sexista que los medios de comunicación dan a la mujer. Pero la crisis en el país la mantiene muy activa en el seguimiento y estudio de la vulneración de los derechos sexuales y reproductivos de las venezolanas, tema con el cual participa en el informe Mujeres al Límite, junto con Cepaz, Avesa y Freya

—¿Cómo fue ese paso de internacionalista a activista por los derechos de las mujeres?

Vino dado por los temas en los que trabajé en el ejercicio de mi profesión. Cuando egresé en 1993 de la Universidad Central de Venezuela el destino de los internacionalistas era la Cancillería o, con suerte, algún organismo multilateral. En el año en que recibí mi título se abrió un concurso en la Cancillería, me postulé, quedé seleccionada y así entré a la carrera diplomática, que es como la militar, pasarían 24 años para tener el rango de embajador según la ley vigente para ese entonces. Unos años después de mi ingreso fui asignada al escritorio del Consejo de Seguridad de la Misión Permanente de Venezuela en la ONU, en Nueva York, luego tuve a cargo el portafolio de temas sociales, que incluía derechos humanos, mujeres, personas de tercera edad, en otros, algo en lo que muchos no quieren trabajar, pero yo llevé esos temas paralelamente con los de seguridad. En el año 2000 se dio la primera revisión de un documento que es emblemático en el tema de mujeres: la Plataforma de Acción de Beijing, creada en 1995, para lo cual creamos un grupo de trabajo de América Latina con el Grupo de Río, eso me acercó más al tema. Luego trabajé para el Fondo de Poblaciones de la ONU hasta que en 2006 regresé a Venezuela y empecé a vincularme con las organizaciones no gubernamentales de derechos humanos. Hice el camino inverso a lo que comúnmente se da, pues se suele empezar a trabajar con organizaciones de base, de allí con un gobierno, luego con una organización grande; pero la verdad es que cuando trabajé a ese nivel macro de políticas sentía que necesitaba entender cómo eran las cosas en su base y en lo local.

—¿Con cuáles organizaciones inició ese contacto?

Comencé a trabajar en organizaciones nacionales como Voces Vitales de Venezuela, Ashoka y en otras como consultora. Pero además a mi llegada, después de 12 años fuera del país, hice una maestría en Comunicación Social porque quería trabajar en el tema de mujeres con perspectiva de Comunicación, y de hecho eso fue en lo que se basó mi tesis: violencia mediática y violencia simbólica, y es lo que me motivó a crear la ONG Mujeres en Línea, aunque generalmente los temas en los que más he trabajado son salud sexual y reproductiva, y violencia. Con la organización participo en la colación Equivalencia en Acción que está formada por cuatro ONG de mujeres: Cepaz (Red Naranja), Avesa, Freya y Mujeres en Línea, es una sinergia para el trabajo de documentación, denuncia, visibilización de la situación de mujeres en Venezuela.

—Desde 2006, cuando comenzó su trabajo vinculado a los derechos humanos, hasta ahora en 2018 ¿ha cambiado en algo la situación de la mujer en Venezuela?

Tremendamente. Los primeros años, 2006, 2007 y 2008, fueron muy interesantes porque dentro del chavismo había feministas de larga trayectoria que empujaron una agenda del tema de mujeres muy importante que se materializó en la creación de un marco institucional: el Banco de la Mujer, el Instituto y posteriormente el Ministerio de la Mujer, la discusión de la Ley de Derechos de la Mujer a una Vida Libre de Violencia, y hubo además con la participación de feministas que no apoyaban el chavismo, fue un proceso participativo. Pero de allá para acá la situación ha empeorado progresivamente porque lo que constituyó ese primer esfuerzo, ese gran impulso, devino en un uso manipulativo de la temática de mujeres con fines políticos e ideológicos.

—Pero la revolución se define feminista…

La revolución se define feminista, pero qué entiende por feminista, porque temas fundamentales de la agenda feminista y la filosofía feminista buscan la igualdad y la libertad, y eso no es compatible con lo que es el régimen. Aunque todos los esquemas de participación social como los CLAP y los consejos comunales estén fundamentalmente formados por mujeres el ejercicio de derechos no está garantizado, muchas veces ellas están allí solo para tener asegurado su sustento, pero no tienen poder de decisión y reportan a un superior que es un hombre. Hay una visión profundamente patriarcal desde el momento en que se produce el discurso que exalta a la mujer madre, a la mujer paridora, pero eso no es compatible con el feminismo que una de las cosas que denuncia es que a las mujeres se les vea solamente como madres cuando ese es un rol estereotipado, es un rol tradicional, pero el feminismo habla de que la mujer sea lo que desea ser dentro de las capacidades y talentos que tenga, ese es el límite, no el límite que nos imponga el Estado.

—¿Y por qué el discurso del gobierno exalta a la madre por sobre los demás roles de la mujer?

Creo que es una manipulación, es deliberado y forma parte de una norma no escrita para el régimen, y como muestra de ello es que para el gobierno no existe el tema del aborto, no lo habló Chávez ni lo hace Maduro ni las feministas de la revolución, cuando esa es una gran reivindicación del feminismo a nivel mundial, aunque no todas las feministas sean proaborto. Y el otro tema que asoma esta acción deliberada es que aun cuando desde 1999 se le dio rango constitucional a la autonomía reproductiva –eso es el derecho que tienen las mujeres y los hombres de decidir cuándo tener hijos y para ello tener toda la información, los servicios y los métodos de planificación familiar– en la realidad existe 90% de escasez de anticonceptivos y pareciera que no hay interés en atender eso porque el gobierno quiere tener a las mujeres pariendo para manipularlas con una caja de comida. Entonces, ¿dónde está el feminismo que pregona el gobierno? Para ponerlo en contexto global, recordemos que una de las grandes reivindicaciones de la ola feminista de los años sesenta y setenta fue la píldora anticonceptiva y marcó un antes y un después porque nos permitió a las mujeres ejercer otros derechos: decidir cuántos hijos tener y cuándo tenerlos, si los queremos tener y en base a eso poder estudiar, trabajar, dedicarnos a otras actividades y, sobre todo, ejercer plenamente el ejercicio de la sexualidad, un aspecto reconocido por la Organización Mundial de la Salud como parte del estado general de bienestar del ser humano, y para eso se requieren métodos anticonceptivos porque no toda relación sexual tiene que terminar en un embarazo

 

—Muchas personas pensarían que pedir métodos anticonceptivos cuando hay una crisis generalizada de salud y escasez de medicamentos es una frivolidad….

Sí, pero es muy distinto a lo que muchos piensan. Pedir píldoras no es ninguna frivolidad en el contexto de crisis que vivimos, pues hay que tener en cuenta que en las peores crisis la gente se refugia en el afecto, y la consecuencia directa de no contar con métodos anticonceptivos es un aumento de las tasas de embarazo adolescente (aunque ese es un tema más complejo), neonatos desnutridos, incremento de la mortalidad materna por las condiciones precarias de cómo se llevó el embarazo, y aumento de embarazos no deseados que desencadenan, muy probablemente, en abortos inducidos precisamente por la crisis y en un país con uno de los marcos legales más restrictivos de América Latina en ese tema, pues aquí solo se permite interrumpir un embarazo si la vida de la madre está en riesgo, pero deja por fuera si el bebé viene con malformaciones, si una niña fue víctima de violación o si fue víctima de un incesto; entonces, recurren a vías muy precarias e inseguras que conducen a elevadas cifras de mortalidad materna.

—Ante este panorama, ¿cómo define la situación actual de la mujer venezolana?

Estamos ante un escenario muy grave. Venezuela atraviesa el mayor retroceso en materia de derechos de las mujeres, prácticamente las mujeres viven como en el siglo XIX: sin anticonceptivos, sin servicios, sin la posibilidad de hacerse un aborto en caso de necesitarlo y, además, sin insumos de higiene personal, pues las mujeres están recurriendo a su inventiva para que su vida rutinaria no sufra mayores alteraciones cuando, por ejemplo, tiene el periodo menstrual porque la crisis de toallas sanitarias –bien sea por escasez o por los elevados precios– tiene fuertes consecuencias sociales, ya que les impide salir de sus casas a trabajar o estudiar, con el agravante que en ocasiones esa inventiva causa problemas de salud. Pero hay muchos más elementos que hacen compleja la situación de vulneración de derechos de la mujer, pues en este contexto de crisis son ellas las que llevan el mayor peso, así lo expusimos el año pasado en el informe Mujeres al Límite, que llamamos así porque las mujeres en Venezuela están siendo llevadas al límite de sus capacidades, de su emocionalidad, de su salud: ellas son las que cuidan, las que comen menos, las que hacen las colas, son las que traen la comida a la casa, las que se caminan toda la ciudad en búsqueda del alimento y medicinas; 4 de cada 10 hogares en Venezuela tienen a una mujer como jefa de hogar, y además son las cuidadoras de niños, ancianos y enfermos, rol que muchas veces deben compaginar con su trabajo.

—Es evidente la lista de deudas que tiene el Estado con las mujeres venezolanas, ¿por dónde debería comenzar a saldarlas?

Creo que por abrir las puertas para adquirir métodos de planificación familiar, pero ante esa necesidad ¿cuál ha sido la respuesta del Estado? Incluir esterilizaciones en las operaciones electivas de sus jornadas, ¡la esterilización debe ser el último recurso! porque además es un procedimiento quirúrgico y se han dado casos de mala praxis en estas operaciones; pero en tal caso, ¿por qué no incluyen vasectomías? Porque es un Estado patriarcal, el gobierno se dice feminista pero es mujerista, hembrista, pone mujeres en todas partes, en ministerios, en organismos, en los CLAP, en los consejos comunales… Lo habla pero no entiende de qué se trata el feminismo. Si el Ministerio de Salud tiene dinero para mandar ayuda a Cuba pues que invierta en comprar métodos anticonceptivos para la población venezolana, ¿o es que quiere tener a las mujeres pariendo para tenerlas manejando –gratis– las estructuras locales de distribución, mujeres metidas en el CLAP que su único interés sea una bolsa o caja de comida para poder alimentar a sus hijos y manipularlas con eso? Eso es lo que parece, y es perverso; el gobierno nunca tiene hacia las mujeres el discurso de que sean independientes, ¿qué independencia puede tener una mujer que dependa del CLAP para comer y para darle alimento a sus hijos? Las mujeres venezolanas están desprotegidas, desamparadas y agotadas.

¿Esta situación de vulnerabilidad ha impulsado el surgimiento de iniciativas desde la sociedad civil para trabajar y denunciar en estos temas?

No lo suficiente, sí han surgido iniciativas independientes e incluso también del lado chavista, aunque entienden el feminismo a su manera porque para ellas lo primero es la revolución; sin embargo, el tema está allí presente, pero tenemos que hacer mayores esfuerzos por posicionar mejor el tema de la mujer y que se entienda que no es un capricho, sino que hoy día la igualdad de género y los derechos de las mujeres forman parte fundamental de la agenda de desarrollo mundial y son transversales para todos los objetivos de desarrollo sustentable; se ha entendido que sin igualdad no puede haber desarrollo, que es mucho lo que las mujeres pueden aportar si se incorporan al trabajo productivo. Pero debe haber mayores esfuerzos porque Venezuela está rezagada respecto a toda América Latina en cuanto a derechos de la mujer, el único país que está más atrasado que nosotros es El Salvador en materia de aborto, pues bajo ninguna circunstancia lo permite.

El cambio de estereotipos desde la sociedad

—¿En qué está enfocada la labor de su ONG Mujeres en Línea?

Es una ONG fundada en 2016 con la idea de hacer activismo e investigación, un espacio para trabajar fundamentalmente en el tema mujeres y medios de comunicación, algo que en Venezuela está prácticamente inexplorado. Lo que hemos venido haciendo es investigación, denuncia, activismo, tratar de incidir en cómo las mujeres son representadas por los medios de comunicación y cómo eso tiene influencia en la manera en que socialmente percibimos las expectativas sociales de qué es ser mujer. Por ejemplo, cuando por la TV se muestra un comercial de una mujer lavando platos se está reforzando el patrón de que las mujeres son de la casa, pertenecen al plano doméstico, pero eso también tiene una ramificación más profunda que, incluso, puede llegar a ser letal, y es que cuando las mujeres se enfrentan a ese estereotipo la manera en la que son “encauzadas” es a través de la violencia. Lo ilustro con un caso que conocimos de cerca: la mujer no trabaja, debe quedarse en su casa, pero resulta que ella quiere estudiar y trabajar, entonces hizo un curso, consiguió empleo, comenzó a ganar dinero y en respuesta a ello el esposo la mató, ¿por qué? Porque consideró que ella no debía hacerlo, porque contravino ese estereotipo. Entonces, muchas mujeres que se atreven a romper ese patrón se encuentran con distintas formas de violencia: verbal, psicológica, presiones, castigos, golpes y hasta la muerte. Por eso es importante que los medios de comunicación empiecen a desplazar esos moldes. En Venezuela hay muchos contenidos sexistas y el lenguaje empleado en los medios también lo son, y hay casos en los que eso se traduce en violencia sexual y simbólica porque explota la imagen femenina con fines comerciales.

—¿En qué proyectos trabajan actualmente?

Tenemos uno en fila que se llama Con Mujeres con el cual queremos promocionar mujeres en distintas áreas de conocimiento para que los medios, las instituciones, los paneles de expertos, etcétera, incluyan mujeres y también para darles herramientas e ir trabajando en incidencia. Puede que sea algo inconsciente, pero en todos estos ámbitos la mujer sigue estando relegada respecto al hombre porque en muchos casos existe la percepción errada de que el hombre transmite mayor autoridad. En lo que sí desde ya vamos muy enfocados es en tratar de obtener respuesta del Estado, estamos trabajando en una nueva edición del informe Mujeres al Límite, que saldrá a finales de este año, vimos la necesidad de hacerlo porque la situación se ha deteriorado muy rápido.

—¿Ese informe llega al sector oficial?

Es un estudio de acceso público, se lo podemos hacer llegar, pero de su parte no ha habido interés. El año pasado lo entregamos a organismos internacionales, a mecanismos de vigilancia de derechos humanos, a la CIDH, a la Relatora de Derechos de la Mujer, a embajadas…

—Con todo lo descrito, la realidad de las mujeres en Venezuela es muy adversa. ¿Ve luces en la lucha que emprende junto a otras defensoras y activistas sobre todo frente a un Estado que pareciera tener una política deliberada hacia las mujeres?

(segundos de silencio…) He visto el logro de otras, me siento heredera de otras y eso me motiva; como dice una feminista española muy connotada llamada Laura Freixas: antes de nosotras hay una feminista que luchó para que pudiéramos ponernos pantalones, pudiéramos votar, estudiar, tomar pastillas anticonceptivas… Yo me incorporo a esta lucha cuando ya lleva rato y he visto lo que ellas han logrado y lo que se está logrando en otras partes, incluso aquí cerca en Latinoamérica, y eso me inspira para seguir, aunque en Venezuela hay que superar cosas tremendas, tiene que venir un proceso profundo de búsqueda de la verdad, de reconciliación, de justicia… El tema de mujeres va a ser importante, pero no veo que esté cerca.

—¿Un deseo en medio de esta crisis?

Si pidiera un deseo sería que el Estado venezolano le responda a las mujeres en materia de salud sexual y reproductiva, y que haya justicia en esta espera porque también en eso está asociado a negligencias y a algo deliberado y sistemático en contra de la mujer.