Olga Ramos: Lo que estamos viviendo es la marginalización del proceso educativo

Por: Crisis en Venezuela

Aunque se ha convertido en una autoridad en los temas de educación y ha pasado de ser experta a defensora de este y otros derechos humanos en Venezuela, los orígenes de Olga Ramos se dieron en el urbanismo por ser esa su profesión. Pero una decepción laboral la llevó a alejarse de ese mundo y continuar sus estudios académicos de postgrado en los que tuvo la oportunidad de aproximarse a los temas de políticas públicas. En esa etapa se dio uno de esos reencuentros que cambian la vida de las personas y que la condujo a trabajar en una consultora de proyectos de educación y otros ámbitos de políticas sociales. Su primera asignación evaluando experiencias de escuelas rurales definió su destino, “quedé enganchada con el tema educativo”, como ella misma lo define, y lo que ha seguido son años de dedicación al diseño de proyectos de políticas públicas y evaluación en ese ámbito. Forma parte del equipo fundador de la Asamblea de Educación, de la cual surgió, en 2009, el Observatorio Educativo de Venezuela desde el cual se monitorea el cumplimiento del derecho a la educación en el país.

―¿De qué manera es vulnerado el derecho a la educación en Venezuela?

Una de las manifestaciones de las violaciones a este derecho de la cual no se habla mucho es el derecho a la libre asociación en educación que ha sido violado desde hace años. Por ejemplo, con el Movimiento Bolivariano de Familias lo que han hecho es forzar a que los padres en lugar de estar agrupados en la asociación de padres se unan a ese movimiento que tiene tinte partidista; igual pasa con la Organización Bolivariana de Estudiantes, no tienen la libertad de organizarse por su cuenta, aunque no los obligan sí los presionan y les cierran las puertas en otras organizaciones; ocurre también con el gremio docente también a través del Sindicato Nacional Fuerza Unitaria Magisterial, en ocasiones el ministerio privilegia que las convenciones colectivas se discutan con este sindicato oficialista a manera de presionar a los otros gremios a plegarse. Es una manera de restringir a través de distintos mecanismos el derecho a la libre asociación, que es un derecho que se conjuga con el derecho a la educación porque incluye a docentes, padres y estudiantes.

―¿Cuál es actualmente su mayor preocupación sobre la situación de la educación en Venezuela una vez culminado el año escolar?

Algo que no sale mucho en las noticias pero que me preocupa mucho y tiene que ver con la educación de calidad, a falta de docentes para determinadas materias ahora se promedia la calificación, eso conlleva a una certificación pirata, porque los profesores colocan notas irreales y en muchos casos en materias que los alumnos ni siquiera cursaron, incluso en quinto año, lo cual es muy grave porque se están graduando. Eso se agrava ante la falta de docentes que cada vez es mayor y ahora también por la falta de los estudiantes, en ambos casos por problemas de transporte, poco efectivo para pagar el transporte y fallas en otros servicios, eso hace que el estudiante falte dos o hasta tres veces por semana no como antes que solo era por enfermedad o algún incidente esporádico, y por eso el docente no puede avanzar en sus contenidos para evitar que los demás se atrasen, pero en muchos casos es el maestro el que falta entonces ponen un suplente para que mantenga cierta disciplina pero no da los contenidos. Eso implica reprogramar constantemente las materias a la semana, así es imposible mantener el hilo de la programación porque el docente debe garantizar que todos sus estudiantes tengan la posibilidad de aprender lo mismo. Eso se traduce en reducción de tiempo de clase y, por ende, disminución de aprendizaje, y como no hay margen de recuperación. Si a eso sumamos que las calificaciones son mal vistas por el Ministerio de Educación, ahora es un simple requisito, se está aprobando el pase de grado y de año a alumnos que no tienen los conocimientos que deberían tener. Entonces en septiembre, cuando comience el nuevo año escolar, los alumnos llegarán a las aulas sin haber aprendido lo que necesitan para el nuevo año. Es una educación chucuta.

―¿Qué debe hacer el gobierno para atender este problema y buscar solventarlo?

En estos momentos el Ministerio de Educación debería estar haciendo un inventario de las escuelas de todos los municipios del país que suspendieron clases por falta de agua, por apagones, por robos, escuelas con problemas de infraestructura que tienen comprometido el nuevo año escolar, escuelas que no recibieron el Programa de Alimentación Escolar este año escolar que terminó, escuelas donde renunciaron docentes y esas vacantes fueron sustituidas por muchachos de Chamba Juvenil que no tienen la formación o que no han sido sustituidas. Debe estar recopilando información de cuántos estudiantes o cuántas secciones no tuvieron docentes el año pasado, en qué áreas no hubo docentes, si las instalaciones están funcionando, funciona el internet, cuántos liceos tienen problemas de seguridad por la penetración de bandas y el narcotráfico. También evaluar a los docentes, que se sepa qué competencias y qué nivel de profesionalismo tienen los maestros con los que estamos contando para poder diseñar programas que ayuden a superar su eficiencia; además de una evaluación profunda y estandarizada de las condiciones académicas de cada estudiante para saber con qué conocimientos llegó al siguiente grado. Eso nos permitiría saber si las inasistencias recurrentes han tenido un impacto que hay que recuperar con un programa complementario porque no se puede dejar que los muchachos sigan que saber lo que tienen que saber. Con esto surgirá un mapa de varias capas que debería cruzarse para abordar la emergencia estado por estado, municipio por municipio, y haría alianzas con organizaciones que trabajen en emergencia educativa que permitan hacer programas de compensación para resolver los problemas de aprendizaje no realizado y otros programas de solución de problemas para evitar que la situación se repita el año que viene, incluidos acuerdos con transportistas y con familias que puedan prestar ayuda para crear un sistema de transporte.

Pero entonces, ¿es una emergencia lo que está ocurriendo con la educación en Venezuela?

Venezuela está ante una emergencia humanitaria compleja que tiene expresiones en la educación. Todas las personas con las que algunos defensores hemos conversado que tienen experiencia en asuntos humanitarios dicen que mucho de lo que está pasando en Venezuela es inédito y no lo habían visto antes en ninguna parte; aquí hay elementos clave que son comunes con otras emergencias complejas como, por ejemplo, que el Estado está fracturado y que hay razones políticas que producen la emergencia o que inciden sobre la emergencia. En Venezuela hay elementos externos que están afectando el desarrollo del proceso educativo en las escuelas, cuatro ejemplos de ello: no hay transporte suficiente o no hay efectivo pagar el transporte y por ese motivo el niño o el maestro no pueden ir a la escuela; se va la luz y entonces hay que recortar el horario o dar las clases sin recursos; las familias no tienen suficiente dinero en sus casas para alimentar a sus hijos en edad escolar y se apoyan en el Programa de Alimentación Escolar, resulta que este beneficio no llega a las escuelas, y por esta causa tenemos niños ausentes de las aulas o que se desmayan en clases; y maestros que no llegan a dar clases porque tienen que ir a hacer la cola en PDVAL o Mercal para buscar la caja de comida. Entonces, se están produciendo aspectos que hacen que la situación se tenga que asumir como emergencia, son factores de la crisis que tienen impacto en la educación.

¿Y cómo se podría atender ese problema?                                                                

Primero el gobierno debe admitir que existe un problema, una emergencia que afecta la educación, pero no lo hará porque sería admitir el fracaso de sus políticas, eso es una irresponsabilidad por las consecuencias que está teniendo esa situación en la población. Pero, en todo caso, se podría recurrir a las normas que ha diseñado la Red Interinstitucional para la Educación en Situaciones de Emergencia (INEE, por su sigla en inglés), una iniciativa mundial que reúne a expertos, o a Save the Children, ambas con programas para buscar que los niños que salieron del sistema educativo reingresen, pero con planes de emergencia de experiencias previas y con participación de la comunidad, pero eso tiene una lógica diseñada para atender la emergencia, no pretender que las comunidades sin formación resuelvan los problemas que el Ministerio de Educación no atiende, como asomó el ministro Elías Jaua con su idea de sustituir a los maestros con personas de las comunidades. Una cosa que se debe tener en cuenta sobre todo en este tipo de emergencia compleja como la que vive Venezuela específicamente, es que el Estado no está en capacidad de dar respuesta y necesita de organizaciones no gubernamentales que apoyen. La pregunta que surge ahora es si el Ministerio está pensando en elaborar esos materiales, en buscar la estructura, si está hablando con Save the Children, con Unicef y las organizaciones que trabajan emergencia educativa para que nos ayuden con su experiencia, o estamos haciendo como que no está pasando nada, que es la actitud del ministro Jaua.

¿Y por qué el Ministerio de Educación no busca esos apoyos? ¿Cree que es algo deliberado, no le interesa o es simplemente ineficiencia?

Creo que es una mezcla de cosas, lo primero es que el Estado no tiene capacidad de respuesta y ha dedicado buena parte de sus recursos personales y económicos a la propaganda política y al adoctrinamiento, y ha dejado a un lado cosas importantes, sus trabajos están dirigidos a ser lo que el partido cree que debe hacerse, lo que conviene y no lo que es mejor para el país, es preferible hacer propaganda que es menos costoso que resolver de verdad el problema.

―El ministro de Educación, Elías Jaua, afirmó que Venezuela superó las metas establecidas en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de la ONU, pues el gobierno no solo garantiza 12 años de educación pública gratuita, sino hasta 22 años. ¿Qué opina de esa afirmación?

En Venezuela no tenemos educación gratuita hace mucho tiempo. Las familias, los docentes y directivos asumen costos para ayudar al mantenimiento de las escuelas, para comprar insumos, material de oficina, hacen colectas para reparaciones menores, para mandar a reparar equipos, para adquirir cualquier cosa que se necesite en la escuela o liceo, además dedican horas de trabajo para mantenimiento escolar; aunque sea comprensible ese trabajo colaborativo el gobierno debe admitir abiertamente que la educación no es gratuita, porque está trasladando costos de mantenimiento a la comunidad educativa. Pero a eso hay que sumar el gasto de transporte porque las escuelas no tienen ese servicio; hay que sumar la alimentación que están costeando los padres; así como el gasto en útiles y uniformes porque la ayuda anunciada por el gobierno no llegará a toda la población estudiantil que requiere el beneficio, por lo que muchas familias tendrán que asumirlo por su cuenta.

―Hace pocos días el sector educativo fue a la AN y dijo que recurriría a instancias internacionales para plantear la emergencia en educación. ¿A qué instancias se puede acudir, qué se les pide, qué podrían hacer?

Lo primero es que las instancias se restringen a la CIDH y uno espera que haya un pronunciamiento de la situación de la educación y que emita sugerencias al Estado para declarar la emergencia; es importante no solo porque se genera conocimiento a nivel internacional de lo que está sucediendo y se hace presión en los organismos internacionales, sino también porque eso permite que se abran posibilidades de trabajo con otras organizaciones que trabajan con emergencias, como por ejemplo Save the Children o la red internacional INEE. En el caso de Unicef, que tiene bastante tiempo de presencia en Venezuela, lo que debe ocurrir es que sea más crítica con la situación y haga esfuerzos para que el Ministerio de Educación entienda que lo que estamos viviendo en el sector educativo es una emergencia y le sugiera programas que ellos han aplicado en otros países y sean adaptados a Venezuela. En el caso de INEE, que tiene normas de educación en situaciones de emergencia, también se le puede plantear lo que está sucediendo para que organizaciones aliadas hagan sugerencias al Estado a fin que declare la emergencia y se trabaje en función de ello a través de organizaciones que tienen presencia a nivel nacional como por ejemplo Fe y Alegría y se puedan instrumentar acciones complementarias que no impliquen el traslado de personal de organismos internacionales en el país. Con esos programas se trabajaría por ejemplo para reinsertar a los estudiantes que están fuera del sistema por diversos motivos bien sea volviendo a la escuela tradicional o a través de programas complementarios de educación; otro es lograr que ingresen al país alimentación para las escuelas, útiles y uniformes; que se dé capacitación de maestros en las comunidades donde hay déficit, incluso puede ser a distancia si se cuenta con la conexión, esto puede incluir apoyo a maestros en cómo abordar los impactos psicológicos de la crisis, cosa que poco se está tomando en consideración y que está afectando el rendimiento de los muchachos, casos en los que a un estudiante le mataron un familiar o que fueron víctimas de las OLP o de un secuestro, o a quien se le murió un familiar por falta de medicinas o por desnutrición, o cuyos padres emigraron. Son aprendizajes de otros que podemos tomar para ayudarnos a superar la situación, no se trata de copiarlo, habrá de adaptarlo para que responda a nuestra realidad, pero sin duda nos puede ser muy útil.

―¿Qué es lo peor que le ha ocurrido a la educación en la era Maduro?

Bueno, desde que Chávez llegó es más o menos lo mismo, y es que se menosprecia la educación. Chávez no la consideró importante, él creía que podía hacer cualquier cosa sin necesidad de ser profesional; Maduro tampoco considera importante y Elías Jaua tampoco, no creen en la educación como espacio de formación y desarrollo de las capacidades en las personas, solo lo consideran importante como mecanismo para la expansión de su parcialidad política, tienen menosprecio por el conocimiento. Lo que estamos viviendo es la marginalización del proceso educativo.

―¿Qué opción le queda al sector educativo y a la sociedad en general ante actitud del sector oficial?

Exigir que se cumpla lo que está establecido en la Constitución y que el Estado garantice el derecho a la educación con calidad. Hay una parte que tiene que ver con la exigencia y se tiene que incrementar ese reclamo, pero también ante las alcaldías y gobernaciones. En cuanto a los ciudadanos que se organicen y exijan que se declare en emergencia y que se trabaje como emergencia, si el Ministerio de Educación no quiere llamarlo emergencia pues hay un problema porque es una emergencia, y esa es una exigencia que todos los ciudadanos tenemos que hacer, que se asuman los programas de recuperación junto a los programas de compensación necesarios para que el sistema educativo garantice que todo el mundo tenga acceso a la educación.

 

―¿Tiene esperanzas de que en el futuro cercano por lo menos se contenga el progresivo deterioro de la educación en Venezuela?

Yo tengo buenas esperanzas sustentadas en los grandes esfuerzos que han venido haciéndose desde algunos sectores para compensar el desastre que produce desde el Estado; sin embargo, creo que no es suficiente. Fe y Alegría puede estar haciendo grandes campañas, así como otras organizaciones que ayudan con los almuerzos y con los útiles, pero eso no es suficiente, creo que si el país no toma conciencia –y esto es lo que condiciona mi esperanza– de lo importante que es el conocimiento y la educación para el futuro de las personas y para su presente, no hay esperanza que valga, porque la educación es algo mucho más importante, la educación se necesita para formarnos como personas, para desarrollar capacidades, para tener conocimiento, para poder crecer, para emprender, para trabajar, para interactuar con la familia, con los vecinos, para participar en los procesos de gobierno, para poder ir al banco y abrir una cuenta y luego manejar esa cuenta y pagar con una tarjeta; se necesita educación para cosas que son elementales y para cosas que no lo son, para cosas sencillas y para cosas que no son sencillas, para desarrollarnos como personas plenamente necesitamos educación.